Buenos Aires, Argentina. Durante el mes de mayo de 2025, el sector agroalimentario argentino enfrentó una serie de fenómenos climáticos que impactaron de manera significativa en la producción y el desarrollo de cultivos clave en varias regiones del país. Lluvias intensas, heladas tempranas y fluctuaciones bruscas de temperatura provocaron daños importantes que ya empiezan a reflejarse en los índices productivos y en la economía rural.
Se registran inusuales precipitaciones
Según datos mteorológicos, el inicio del mes estuvo marcado por precipitaciones anómalas, especialmente en la zona central del país, que abarca las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Estas lluvias persistentes, acompañadas de tormentas localizadas, provocaron anegamientos en campos agrícolas y retrasos en la siembra de cultivos de invierno como el trigo y la cebada. Posteriormente, a partir de la tercera semana de mayo, se registraron heladas tempranas de gran intensidad en el norte de la región pampeana y en el noreste argentino (provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones), que afectaron principalmente a cultivos sensibles como la soja y el maíz de segunda temporada.
Se registraron precipitaciones de hasta 400 mm en algunas áreas.
Áreas más afectadas: del corazón pampeano al litoral
La región pampeana central fue la más perjudicada por las lluvias continuas durante los primeros días de mayo. En Córdoba y Santa Fe, los excesos hídricos generaron pérdidas de superficie cultivada, especialmente en zonas de suelos poco drenados. Productores reportaron que parcelas destinadas al trigo quedaron inutilizables debido a la acumulación de agua y la proliferación de enfermedades fúngicas. En Buenos Aires, la situación se agravó en el sur y sudoeste, donde además las lluvias dificultaron las labores de cosecha de maíz tardío, retrasando las campañas y elevando los costos operativos.
Por otro lado, las heladas tempranas impactaron sobre todo en el noreste y nordeste del país. Entre Ríos y Corrientes sufrieron daños en cultivos hortícolas y frutas, con pérdidas estimadas del 20% en algunas zonas productoras de cítricos y arándanos. Las temperaturas bajo cero alcanzaron hasta -5°C en sectores rurales, afectando tanto la producción agrícola como a pequeños productores familiares. En Misiones, la combinación de bajas temperaturas y lluvias produjo daños en los cultivos de yerba mate, con efectos negativos sobre la calidad y el rendimiento de la hoja.
Consecuencias económicas y perspectivas a corto plazo
El impacto de estos eventos climáticos se traduce en una reducción significativa de la oferta agroalimentaria para los próximos meses, generando preocupación tanto en productores como en las cadenas de comercialización y exportación. Según estimaciones preliminares de la Bolsa de Comercio de Rosario, las pérdidas en trigo y cebada podrían alcanzar un 15% del volumen esperado para la campaña 2025, mientras que la soja y el maíz de segunda en la zona noreste sufrirían caídas productivas de hasta el 10%.
A nivel económico, estas pérdidas implican un aumento en los costos de producción y un posible incremento en los precios internos de algunos alimentos, especialmente los derivados de cultivos afectados como aceites, harinas y cereales. Además, los pequeños y medianos productores enfrentan dificultades para recuperarse debido a la falta de infraestructura adecuada para mitigar los daños por excesos hídricos y heladas.
En cuanto a las perspectivas climáticas, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) alerta que para junio se esperan condiciones de baja temperatura, pero con precipitaciones moderadas, lo que podría favorecer la recuperación en algunas zonas, aunque el daño ya ocasionado en mayo podría repercutir en la producción de todo el ciclo agrícola 2025.
Las autoridades nacionales y provinciales, junto a entidades del sector, trabajan en la implementación de políticas para mejorar la resiliencia del campo ante estos fenómenos, incluyendo planes de seguros agrícolas y promoción de tecnologías para la gestión del agua y protección ante heladas. Sin embargo, la magnitud y frecuencia creciente de eventos extremos plantea un desafío constante para el agro argentino, tradicional motor de la economía nacional.
