En menos de un mes, Uruguay enfrenta una de las peores crisis apícolas de su historia reciente. La Sociedad Apícola Uruguaya (SAU) estima que al menos 11.000 colmenas han sufrido mortandad masiva de abejas en predios de ocho departamentos, con casos especialmente concentrados en zonas agrícolas intensivas.
Los productores y la gremial coinciden en una hipótesis principal: la mala aplicación de agroquímicos en campos agrícolas vecinos, que habría provocado la muerte de millones de abejas en un lapso muy corto.
Once mil colmenas afectadas en ocho departamentos
Según SAU, de las colmenas relevadas hasta ahora, unas 3.000 ya se consideran pérdidas totales, mientras otras 7.000 se encuentran “al borde de la inviabilidad”. La organización advierte que la cifra podría aumentar a medida que más apicultores revisen sus apiarios.
La mortandad se da en colmenas que, tras un invierno benigno y una primavera con buena floración, presentaban poblaciones fuertes y sanas. Este contexto refuerza la sospecha de un factor externo agudo, más que de un problema sanitario interno. Se trata de un impacto concentrado en la principal región apícola del país, desde Canelones y San José hasta Colonia, Soriano, Flores, Florida, Río Negro y Paysandú.
La SAU pidió formalmente al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y a la Junta Nacional de la Granja que se declare la emergencia granjera para la apicultura, y que se investigue a fondo el rol de los agroquímicos en el episodio.
Impacto ambiental y productivo más allá de la miel
La apicultura uruguaya no solo produce miel: es un servicio ecológico y económico clave. Se estima que en el país funcionan alrededor de 500.000 colmenas, de las cuales al menos 100.000 se utilizan directamente para la polinización de cultivos.
Las abejas Apis mellifera y otros polinizadores aportan a la producción de:
– Frutales y cítricos (manzana, pera, naranjas, mandarinas).
– Semillas de pasturas y forrajes para la ganadería.
– Cultivos hortícolas de alto valor.
– Soja y otras oleaginosas, donde la polinización mejora rendimiento y calidad de grano.
Por eso, lo que hoy se expresa como “crisis apícola” es también un riesgo directo para otros sectores del agro. Una caída en la población de abejas afecta la productividad y estabilidad de los sistemas agrícolas, encareciendo costos y comprometiendo la resiliencia de los ecosistemas.
En el plano comercial, Uruguay exporta casi toda la miel que produce. En 2024, las ventas externas se aproximaron a las 12.000 toneladas, por algo más de 27 millones de dólares, con Estados Unidos como destino de alrededor del 90 % de los envíos.
Una mortandad masiva de colmenas, sumada a la pérdida de apicultores – SAU estima que en la última década desapareció cerca del 40 % de los productores del rubro – amenaza este flujo exportador y la reputación del país como proveedor de miel inocua y trazable.
Desarrollo responsable y regulaciones urgentes en el agro
Los antecedentes de contaminación de miel y matrices de colmena con agroquímicos, incluido glifosato, ya habían sido documentados en informes recientes sobre la apicultura uruguaya.
La diferencia ahora es la escala y rapidez del daño, que instala la percepción de una emergencia ambiental y productiva.
Frente a este escenario, se vuelven ineludibles algunas líneas de acción:
• Diagnóstico científico riguroso. Análisis toxicológicos de abejas, miel, polen, agua y suelo para identificar principios activos, dosis y patrones de exposición.
• Ordenamiento en el uso de agroquímicos. Protocolos estrictos de aplicación, franjas de protección, comunicación obligatoria con apicultores vecinos y fiscalización efectiva en zonas de alta sensibilidad ambiental.
• Políticas de desarrollo sustentable. Incentivos a sistemas productivos que integren la polinización como activo estratégico; promoción de manejos agrícolas de menor impacto y paisajes que incluyan corredores florales y refugios para polinizadores.
Responsabilidad social y ambiental compartida. Empresas del agronegocio, cooperativas, productores familiares, instituciones públicas y academia deben asumir que la salud de las abejas es un indicador crítico de la sustentabilidad del modelo agroexportador uruguayo.
Conclusión
La mortandad de 11.000 colmenas en Uruguay no es solo una tragedia para la apicultura: es un síntoma de las tensiones entre prácticas agrícolas intensivas y la necesidad de un desarrollo responsable, compatible con la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
Lo que está en juego no es únicamente la próxima zafra de miel, sino la capacidad del país para articular un modelo de producción que combine competitividad, exportaciones y responsabilidad social y ambiental. Las abejas, silenciosas protagonistas de esa ecuación, ya emitieron su alerta.
