21El país destaca por su avance en producción orgánica |
Uruguay, país de poco más de tres millones de habitantes, se ha convertido en un actor silencioso pero relevante en el mapa mundial de los alimentos orgánicos. Según las últimas estadísticas de FiBL y la Comisión Interamericana de Agricultura Orgánica, alrededor del 25 % de la superficie agropecuaria uruguaya se maneja bajo criterios orgánicos, una proporción que lo coloca entre los primeros del mundo y por encima de la media latinoamericana.
El crecimiento ha sido particularmente intenso en los últimos años. Entre 2022 y 2023, Uruguay sumó más de 800.000 hectáreas certificadas o en transición, impulsado sobre todo por pasturas permanentes para ganadería de carne y leche, pero también por áreas de cultivos anuales, como cereales y forrajes.
Certificación oficial y trazabilidad como ventaja competitiva
Un hito relevante para el sector fue la aprobación del Decreto 175/022, que reglamentó la certificación oficial de productos agropecuarios orgánicos, la acuicultura orgánica y la producción integrada. A partir de este marco normativo, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) está habilitado a otorgar sellos oficiales que acreditan el cumplimiento de estándares nacionales y aseguran la trazabilidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena productiva, desde el origen primario hasta el consumidor final.
Este sistema de certificación no solo fortalece la confianza en el mercado interno, sino que constituye una ventaja competitiva en los mercados internacionales, donde compradores mayoristas, industrias procesadoras y cadenas minoristas demandan garantías verificables sobre el origen de los productos, sus procesos productivos y el respeto por criterios de responsabilidad social y ambiental.

Entre los rubros orgánicos con mayor proyección se destacan las carnes bovinas y ovinas producidas bajo sistemas pastoriles extensivos; los cítricos y otros frutales, destinados tanto al consumo fresco como a su procesamiento industrial; y los cereales y forrajes, utilizados en la alimentación animal y en cadenas agroindustriales especializadas orientadas a la exportación.
En contraste, Uruguay no cuenta actualmente con una oferta significativa de lácteos orgánicos de exportación, lo que configura un posible nicho de desarrollo a mediano plazo, condicionado a procesos de reconversión productiva, escalamiento y la articulación de acuerdos comerciales específicos.
Una oferta exportable diversa y en crecimiento
La canasta de alimentos orgánicos exportados por Uruguay muestra una diversificación creciente. Incluye carne bovina y ovina, aceites de oliva extra virgen, miel, vinos, así como frutas y hortalizas certificadas —entre ellas cítricos, arándanos, tomates, zapallitos y hojas verdes—, además de hierbas aromáticas como orégano, tomillo, romero, menta y manzanilla, y hongos comestibles. Este conjunto de productos encuentra una demanda sostenida en nichos de alto valor en Norteamérica, Europa y Asia, donde atributos como la trazabilidad, el bienestar animal y la responsabilidad social y ambiental inciden de manera creciente en las decisiones de compra.
La oferta orgánica uruguaya también comprende derivados de origen vegetal, entre los que se incluyen pulpas de tomates y frutas, así como jugos de frutas —especialmente de naranja, mandarina y limón— orientados a mercados y elaboradores que exigen estándares elevados de certificación y control de procesos. Estos productos complementan la canasta exportable del país y fortalecen su posicionamiento en segmentos que valoran alimentos con origen controlado y procesos compatibles con criterios de desarrollo agroecológico.
Primas de precio y mercados de destino
A nivel global, la evidencia indica que los alimentos orgánicos certificados capturan, en promedio, primas de precio de entre 20 % y 50 % respecto a sus equivalentes convencionales, con casos puntuales donde la brecha es aún mayor.
En el caso de los granos y cereales, estudios internacionales registran ejemplos de maíz y soja orgánicos que llegan a venderse a más del 50 % por encima de los precios convencionales, mientras que en trigo la situación es más heterogénea: la prima no siempre compensa los mayores costos de producción.
Para Uruguay, que abastece principalmente a mercados exigentes, este “plus” se materializa sobre todo en:
– Contratos específicos con importadores de la Unión Europea, Norteamérica y Asia interesados en carne, fruta y materias primas orgánicas con alta trazabilidad.
– Un posicionamiento creciente de país proveedor de alimentos de alto valor agregado, donde el diferencial no solo es de precio, sino también de reputación en materia de buenas prácticas, bienestar animal y desarrollo responsable de los territorios rurales.
Los países que más demandan alimentos orgánicos –Estados Unidos, Alemania, China, Francia e Italia– concentran la mayor parte del consumo mundial, mientras que los mayores gastos per cápita se registran en Suiza, Dinamarca y Austria. Este contexto abre oportunidades para Uruguay, tanto en nichos de proteína animal como de frutas y granos diferenciados.
Un desafío de escala, coordinación y desarrollo responsable
El desafío para Uruguay no pasa solo por ampliar la superficie certificada, sino por ordenar la oferta y articular mejor la cadena orgánica, desde el productor familiar hasta las cooperativas exportadoras y las industrias transformadoras.
Tres vectores serán decisivos:
– Consolidar la institucionalidad: profundizar el sistema oficial de certificación, armonizar normas con los principales mercados de destino y ofrecer apoyo técnico a productores en transición.
– Potenciar la industrialización: avanzar en líneas de valor agregado (cortes cárnicos, jugos, pulpas, harinas orgánicas) que capturen una mayor porción de la prima de precio y distribuyan mejor el ingreso en la cadena.
– Integrar la responsabilidad social y ambiental: vincular la expansión del sector orgánico con metas claras en materia de empleo rural, protección de suelos y biodiversidad, y comunicación transparente hacia consumidores que demandan alimentos producidos con criterios de desarrollo responsable.
Si Uruguay logra combinar estas dimensiones, podrá consolidar un modelo orgánico propio, competitivo y creíble, que aporte divisas, empleo y reputación internacional, sin perder de vista su compromiso con la ciudadanía y con los ecosistemas que sostienen su producción agroalimentaria.
| Notas y precisiones técnicas
• Primas de precio: Meta-análisis global, entre 29 y 32 %; estudios de ERS indican primas mayor a 20 % en la mayoría de los productos orgánicos analizados y rangos de 15% a 60 % en frutas y hortalizas.
• Superficie orgánica en Uruguay: aproximadamente 3,6 millones de hectáreas en 2023, con una participación de 25,4 % de la superficie agropecuaria total; una de las proporciones más altas del mundo.
• Normativa nacional: Decreto 175/022 (certificación oficial de productos agropecuarios orgánicos, acuicultura orgánica y producción integrada).
Fuentes consultadas:
– FiBL & IFOAM. The World of Organic Agriculture (ediciones 2024 y 2025).
– IICA. Comisión Interamericana de Agricultura Orgánica, informe 2024–2025.
– MGAP (Uruguay). Decreto 175/022.
– USDA ERS. Organic Agriculture y Organic Situation Report 2025.
– Crowder & Reganold. Meta-análisis global sobre rentabilidad de la agricultura orgánica.
